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Acabo de ver por la tele el nuevo anuncio de Ikea Donde caben 2 caben 3 y me ha encantado. Por un lado, porque es una frase que usamos bastante, sobre todo ahora en tiempo de vacaciones. Por otra parte, porque esto de la crisis está haciendo que la gente se reorganice, tanto en vacaciones, como para vivir una temporada. El anuncio deja bien clara la idea de "hacer hueco y apretarse un poquito".

Desde hace tiempo observo a la gente usar con ligereza ahorro y estos tiempos de fiebre de crisis me han convencido a destacarlo como el primer palabro de la serie.

Por aquí y por allí escucho una y otra vez cosas como "¡lo que he ahorrado!", y a poco que me fijo, han gastado aún más. Si en la tienda de la esquina tu producto favorito cuesta 100 y en la tienda de enfrente dos cuestan 150, hay que entender:

  • Si tenías pensado comprar sólo uno y compras dos por 150, no has ahorrado 50. Fíjate bien, te has gastado 50 de más y ahora te sobra la mitad de lo que has comprado.
  • Si tenías pensado comprar dos, y por ellos has pagado 150, hasta el momento has gastado 50 menos, pero aún no has ahorrado nada.

¿Cuándo empieza el ahorro? Cuando metes el dinero en hucha, por supuesto. Para saber si estás ahorrando no debes mirar el precio de las cosas que has comprado, debes mirar al final del día cuanto dinero has reservado. No se ahorra comprando más barato si acabas gastándote todo el dinero.

La dificultad en este momento es la necesidad de comprar más barato para que nuestro sueldo cubra todas nuestras necesidades. Comprar más barato no es ahorrar. Comprar más barato es consumir de forma más inteligente, más óptima si lo prefieres, pero, si te lo gastas todo, no ahorras nada.

La clave: Dinero que metes en la hucha es dinero que ahorras. El que no entra es el que te gastas.

El peligro acecha cuando la palabra ahorro está al servicio del consumismo. Es cuando la publicidad y los maestros del marketing consiguen que compremos productos que no teníamos previstos adquirir y que, aún habiéndonos costado menos, terminamos agotando nuestro presupuesto. ¡Así no hay quién ahorre!

No me sirve estar esperando el almuerzo que pedí veinte minutos antes y que me digan: El salón está lleno, estamos desbordados. No me sirve. No importa que el aforo de tu salón sea de 120 comensales. Apenas cuento 70 y ya demuestras tu incapacidad para gestionar la situación. En realidad, calculo, tu capacidad no es de más de 50 personas. Triste que no usemos para los locales la palabra capacidad para referirnos a la destreza, aptitud y talento.

No culpemos a la crisis de todo.

Triste fue también, hace unas semanas, cuando entramos en otro restaurante donde apenas había unas pocas mesas ocupadas y al pedir para dos nos responden que debíamos esperar. Sorprendidos por lo que veíamos, preguntamos si había gente esperando. No. No había gente esperando. Había mesas libres, pero teníamos que esperar. ¿A qué? ¿Al camarero invisble? ¿A que se conjuguen los planetas de forma favorable? Naturalmente, nos fuimos a esperar comiendo en el restaurante de al lado.

Mis experiencias en comercios es bastante mala en general. Recientemente estaba en un estanco y al llegar mi turno el dependiente se puso a hablar con su colega, que estaba el último de la cola, y le atendió primero. No sin que me quejara.

Es en tiempos de crisis cuando más se debe mimar al cliente. Es demasiado fácil culpar a las grandes superficies y a la crisis. Es mucho más difícil llevar bien un negocio.

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