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No lo se

Cada vez oigo a más gente hablar de la felicidad de vivir en una casita con su vaquita y sus ovejitas, desayunando los huevos de su gallinero y preparando ensaladas con las lechugas y tomates de su huerto. A todos siempre les respondo que yo soy un urbanita.

Ser un ratón de ciudad no significa que no sepa perfectamente que a las vacas no les importa que sea domingo y debes madrugar igualmente para ordeñarlas. Tampoco me impide saber que a las ovejas no les importa que estés cansado, indispuesto o de vacaciones; debes sacarlas igualmente y cambiarles la paja antes de devolverlas al redil. Los tomates y lechugas no crecen solos, hay que preparar la tierra y vigilarla. El campo no tiene fines de semana, vacaciones ni bajas por enfermedad. La jornada laboral empieza antes de despuntar el día y acaba después de la puesta del Sol. Soy un urbanita porque soy más libre en la ciudad.

Quizás todo sea porque la gente cuando vuelve de una casa rural queda convencida de haber "vivido el campo". Por fortuna cuando van a veranear a la costa no vuelven creyendo haber tenido una "experiencia marinera".

Si algo debemos enseñar a nuestros hijos y nietos es que el mundo no es en blanco y negro, si no todo una gama de colores y tonalidades que lo llenan de viveza y variedad. Frases como "si no eres parte de la solución, eres parte del problema" deben ser erradicadas de las filosofías de trabajo para no ser empleadas ni sugeridas bajo ninguna circunstancia.

He podido notar en diferentes empresas y equipos de trabajo la, cada vez más común, tendencia al reparto de problemas. Un grave error que mina las conciencias y moral de sus integrantes. En toda organización se debe fomentar el espíritu de grupo, la cooperación y la no rivalidad. Es importante el reparto de trabajo y responsabilidades. No hay que ver un equipo de trabajo como las personas que se sientan a tu derecha e izquierda, nunca hay que olvidar que cada equipo pertenece a otro. El equipo más reducido con el que nos identificamos es el Proyecto, y el más grande la Empresa, pero hay todo un conjunto de equipos relacionados por pertenencia o dependencia. Todo proyecto pertenece a un departamento y suele depender de otros departamentos. Estos también son parte de tu equipo y no rivales. Hay que desterrar las frases del tipo "es tu problema". No se deben usar y mucho menos tolerar que las usen contigo. Esta frase es la gran destructora de equipos de trabajos que he podido ver en acción. Debemos entender que el "problema" es de todos, sin excepciones. Por el reparto de trabajo, siempre queda la solución en manos de algunos, pero las consecuencias de no solucionarlo salpica a todos. Nunca digas "es tu problema, soluciónalo", siempre di "tenemos un problema y necesitamos que lo soluciones". Es importante mantener la moral del equipo alta transmitiendo la importancia del trabajo de cada uno ("necesitamos que lo soluciones") y no tirar la moral por los suelos con falsas responsabilidades que sólo generan estrés ("es tu problema"). Es mucho más satisfactorio terminar un trabajo sabiendo que has hecho necesario que hacerlo simplemente por cumplir una obligación.

A final de mes el sueldo será el mismo, pero puedes conseguir que se sientan orgullosos.

Este comportamiento, chistosamente llamado "brown dispatching" (como si tuviera gracia), se debe a falta de confianza en sí mismo de los líderes de equipo (jefes, coordinadores, directores) que transmiten esta falta de confianza a su equipo, entrando en la nociva dinámica, y falsa creencia, de sentirse a salvo y satisfecho presionando a los demás. No se trabaja mejor bajo presión. Se obtienen resultados más rápidos, pero no es una situación sostenible en el tiempo. Se trabaja mejor con motivación y satisfacción. Si la motivación es grande, la satisfacción viene por sí misma, y la palmadita en la espalda se vuelve opcional porque ya diste la palmadita en el reparto de trabajo (nunca reparto de problemas).

En el tiempo que llevo en Madrid he visitados pocos museos, así que aprovechando que pasaba por allí, y que hoy era gratis, entré en el Museo Nacional de Antropología. Siempre resulta curioso ver reflejos de otras culturas en objetos. Es inevitable compararlo con la nuestra y te hace pensar en cómo se parecen culturas diferentes e, incluso, cuán distintas pueden ser dos culturas aparentemente parecidas.

Lugares así nos invitan a reflexiones fuera de nuestras costumbres y a formular preguntas que nunca habríamos sospechado hacer. Me estremeció cuando me hicieron una observación sobrecogedora. Mientras veía objetos de tribus consideradas incivilizadas por nuestros antepasados me invitaron a que me fijase en las fechas de los cubiertos. Es realmente curioso como el uso de una cuchara fuera tan tardíamente adoptado por una Europa civilizada mientras los "bárbaros" ya la usaban.

Es mejor dejar de escribir ahora que estoy en un momento filosófico-reflexivo.


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